Poema: Penélope
Acto Segundo: Penélope
Libro: Musas que no me amaron
Primero Versos I (1992-2004)
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XX. Penélope
Elegiste lo único que es insalvable,
aquello que no acepta ninguna respuesta,
ni tan siquiera una sugerencia,
elegiste lo único que no se puede derrumbar,
aquello que separa dos tierras,
sin posibilidad de volver a acercarlas.
Elegiste tu suicidio,
la muerte espesa, la eternidad permanente,
el cuchillo iba haciendo su trabajo sin piedad,
abría los tejidos de tus venas,
y liberaba la sangre que sostenía tu vida.
Y fue tu sangre lo que me ofreciste
sin reparo y sin medida,
sólo me dejaste conocer tu parte más amarga,
acepté tu ofrenda y con tu sangre,
bajo la oscuridad
de una noche sin Luna, me enamoré.
La divinidad de los versos violada
en una mirada de hielo,
en unos oídos de nieve,
en el frío que envuelve tu cuerpo
durante tu espera interminable,
porque no los necesitas,
porque no los quieres,
porque no estás dispuesta
a que nadie beba de tus labios,
la promesa que guardas para el día
que tu dios, a tus brazos, regrese.
Pero sin reparo y sin medida,
me ofreciste tu sangre,
primero la sangre que nos ahogaba
en tu lucha, en tu sufrimiento,
que hoy se acabó derramando
en la copa de su boca, el vino,
después la sangre que inundó
tu suicidio, tu muerte,
tu sagrado sacrificio.
Te entregaste muerta a mis pies,
y mis brazos entonces no volvieron
a estrechar tu vida.